¿Ya te cayó el 20 / 20?

Cuando el futuro nos alcanzó. El mundo cambio, definitivamente cambio.

Maya Sigala, Metepec, México marzo 2020

“Nunca pienso en el futuro, llega demasiado pronto”
— Albert Einstein

¿Y de verdad ha llegado tan pronto señor Einstein, o estábamos tan distraídos que no nos hemos dado cuenta de cómo poco a poco nos alcanzó?

Desde hace semanas venimos escuchando de contagios de coronavirus que estaban pasando en otros países, se percibía lejano, así también de muertes que se minimizaban, tal vez se disparaba algún mecanismo de defensa humana o la soberbia de pensar que eso no puede ser verdad -Fake News- o la idea que eso no puede pasar acá. Precisamente por esto es que para muchos no sea fácil, todavía, y quizá le lleve tiempo a más de uno, asimilar el cambio que vivimos como una realidad ya. Y no me refiero sólo al coronavirus, sino todo lo que le acompaña: cambios en la salud, familia, educación, economía, social, política, sin exagerar en lo profundo de la sociedad. El Covid-19 sólo es la punta del iceberg, es quien apertura una nueva era, ¡¡¡un antes, un después!!!
En enero me formule una pregunta poderosa sobre el coronavirus, había muchas sensaciones en mi cuerpo que no entendía, señales que quizá no percibía, pero de pronto en Perú llego, todos queremos ese mensaje divino o telegrama del cielo por poner un lugar, que te diga la respuesta de qué pasa, a dónde ir o que hacer en alguna circunstancia en particular. Y llegó
Fue claro y contundente, como cuando te cae el 20 como decimos en México, la ficha, el insight, la respuesta., el Aja, ahora lo entiendo!!

Tengo fijo en mi mente este 15 de marzo: camino al aeropuerto, el presidente decretaba cerrar todas sus fronteras al día siguiente, eran las 9de la noche y mi vuelo a las 00:35 del día siguiente!!!! En un mundo globalizado un país cerrando todas sus fronteras, ¡¡¡impensable!!! Era como estar en una película de ciencia ficción o del medievo donde se amurallaban las ciudades para que nadie entrara o saliera, sentí que viaje a la velocidad de la luz en muchos tiempos. Respire pausada-mente. El conductor en caos. De pronto cayó el primer 20. Caí en cuenta de que el mundo, no sólo el mío, el de todos ya no sería igual… claramente vi una línea del tiempo: un antes (20) y un después (20). Inmediatamente quise pensar que todo será para mejorar, quiero sentir que así será, quiero moverme hacia allá, quiero sembrar.

Este choque con la realidad fue un golpe duro que agradezco, lo comparo como cuando te preguntan dónde estabas cuando un temblor o lo de las torres gemelas de NY y puedes describir el momento exacto como si se hubiera congelado el tiempo.
A diferencia de estos hechos concretos, lo que ahora estamos experimentando todos es un “evento” que no tenemos claro cuando llega o ya llegó, preguntas en el face de sí conocen a alguien que tenga coronavirus dan cuenta de ello. Por lo tanto estamos ante un entorno volátil, incierto, complejo, ambiguo, alimentado por la hiperconectividad tecnológica y en un tiempo que se jalonea entre lo rápido en los hechos, lo invasivo de la información y lo lento que se percibe en lo interior, ufff sin mencionar los sistemas de salud, políticas, los gobiernos, la economía y más.

En pocas palabras estamos habitando de poco a poco y de pronto en lo incierto, invisible, intangible, confuso, muy confuso, que genera mucha angustia, miedo y desesperación en la mayoría de la población. De ahí la pregunta, ¿ya te cayó el 20? El primero, el que te anuncia que todo cambió… sin embargo el año tiene dos 20s así que respira.

Esto que estamos viviendo puede tener otro sentido, está siendo tan contundente, tan abrumador que tiene la fuerza, precisamente por eso, de apertura una gran oportunidad de aprender de nosotros, de los otros, de conocernos, de reconectarnos con la vulnerabilidad, sentimiento del cual huimos por percibirlo como signo de debilidad, pero que nos muestra nuestra verdadera condición: la fragilidad humana, esa que tiene la virtud de conectarnos más rápidamente con otros, con la humildad de pedir ayuda, de apoyar al otro en situación de necesidad, es habitar lo falible, lo no controlable, nos conecta con mirar sin juicio, con la comprensión y la compasión para los demás y que paradójicamente es la base de la valentía, de la fuerza para transformar.
En estos momentos no vemos a la gente aplastada por un edificio como en el caso de un sismo, tampoco inundada o incendiada su casa, tampoco es el caso de un accidente o algo así de concreto en donde podemos salir corriendo y hacer algo por el otro, rescatar al otro. El coronavirus por el contrario, nos invita a ir adentro de nuestra casa física y metafóricamente hablando, a cuidarnos y hacer algo primero por nosotros y al mismo tiempo ese acto ayuda a los otros. A respetar el anonimato, la intimidad de la enfermedad de aquellos que la están padeciendo e incluso muriendo.

Todo esto me lleva a reflexionar y a formular nuevas preguntas, preguntas poderosas para luego observar bien lo que está emergiendo, percibir las señales, saber conectarlas para saber responder a lo que piden estos tiempos.
Te invito a dar un salto interno en este momento de la historia, como la gran oportunidad de conocernos a nosotros mismo, de ver nuestras propias sombras, decir sí a nuestros miedos, de fortalecernos, de solidificar nuestras relaciones en lo interno con nosotros mismos y con los nuestros. De hacer cambios personales, es necesario, es vital, quizá urgente para lo que está por llegar, vamos a necesitar que emerja lo mejor de nosotros y de los demás!!!

Nuestro mayor recurso será nuestra fuerza interna, con todo y miedos, nuestras habilidades internas o esenciales, nuestro propio crecimiento o compromiso, la responsabilidad individual-colectiva, autorregularnos, salir del estado Ego y pasar a un estado Eco-lógico que incluye todo, saliendo de la competencia entre nosotros que tanto daño nos ha hecho, integrando, tomando conciencia de la realidad virtual como parte de nuestra vida y haciendo uso de la tecnología para que ella no haga uso de nosotros. Honrando la naturaleza, lo sagrado, aquello en lo que cada uno cree. Retornar a nuestra humanidad, rescatar nuestra divinidad.
Todo esto muy probablemente, no lo sé pero confió, nos proveerá de los pasos, acciones a desplegar en el día a día del futuro que es ya.

No sé si olvido algo, voy a pensar…

Ahhhh ya!!!!! En ningún momento he dicho que esto será fácil. No, no lo será.
El trabajo interno es el más exigente y demandante, y se incrementa en esta circunstancia en donde oscilaremos entre lo que era y ahora, ¿cómo es?. Por lo tanto es importante acompañarnos, tener una red de contención, guías, compartir libros, películas, música, filosofías, meditar, observarnos, conectar con algo grande, hacernos preguntas.

Y esa es mi invitación, hacer una ComUNidad de acompañamiento, en donde compartamos el día a día, en donde estaremos contribuyendo con ideas útiles para los demás, ¿Cuál es la semilla que quiero sembrar? Deseo que me permitan acompañarles en este proceso de transformación que estamos viviendo todos. No se trata de que me sigan. El propósito es abrir un diálogo entre nosotros y aprender juntos cómo gestionar esta nueva realidad.

Para esto estaré subiendo en mis redes sociales videos, post, blog con diferentes temas de manera frecuente a modo de contribuir con “Semillas de Calma” y con la certeza de que llegaran a tierra fértil. Aprovechemos el tiempo de estar en casa.

Muchas de estas semillas o contenidos los estaré tomando del programa Future Mentoring® que muchos conocen, en donde integro un recorrido de 25 años de psicología, los diferentes enfoques, sabios maestros, los estudios de los futuros, los años de trabajo con personas, familias, empresas, universidades y organizaciones, así como la experiencia de casi 50 años de vida y la riqueza de mi origen familiar, de sembradora, rural, de la especialización en la gestión de la incertidumbre, la vulnerabilidad, la valentía y el humor, y las habilidades blandas para ello. La invitación está abierta. Seamos todos Bienvenidos.

 

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, hoy todavía, plantaría un árbol”
— Martin Luther King

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